Benedicto XVI: “Nadie me ha chantajeado. Estoy débil pero no soy un fracasado”

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Se ha publicado el libro “Últimas conversaciones”. El papa emérito recorre su juventud, el Concilio, el pontificado, la relación con Francisco, la renuncia y la ‘preparación’ a la muerte

(ZENIT – Roma).- Era necesario un libro, publicado casi a sus noventa años, para acercarse de nuevo al rostro de Joseph Ratzinger, el que durante ocho años estuvo en la silla de Pedro con el nombre de Benedicto XVI y que hoy vive “escondido del mundo” en un monasterio de los Jardines Vaticanos como “papa emérito”.

Un Pontífice incomprendido, sin lugar a dudas, quizá también por esa reserva confundida con austeridad, del que todavía permanecen la amplitud y la profundidad de pensamiento, también si demasiadas veces ha sido disminuido por lecturas superficiales.

Son pocos los que conocen los verdaderos rasgos característicos de este Papa, como su sutil ironía o su sagaz franqueza. Aspectos que emergen claramente en el libro “Últimas conversaciones” que ha sido publicado hoy en italiano y alemán.

El volumen, escrito por su amigo periodista alemán Peter Seewald, ya ha sido rebautizado como el “testamento espiritual” de papa Benedicto. Un libro de por sí extraordinario yq que por primera vez en la historia un Papa, en vida, puede hacer balance de su pontificado.

Ratzinger habla con mucha libertad de su sucesor Bergoglio de quien dice que en el conclave de 2013 “no pensé que estuviera en el pequeño grupo de los candidatos”, para después definir la elección de un Papa latinoamericano como un signo de “una Iglesia en movimiento” y subrayar la relación fraterna que se ha creado entre ellos en estos cuatro años.

“Mi sucesor no quiso el manto rojo. Eso no me conmovió mínimamente”, confía Benedicto XVI a Seewald. “Lo que realmente me tocó, sin embargo, es que antes de salir al balcón ya intentó llamarme, pero no me encontró porque estaba precisamente delante de la televisión. La forma en la que rezó por mí, el momento de recogimiento, después la cordialidad con la que saludó a la gente de tal forma que la chispa, por así decir, surgió inmediatamente”.

“Nadie se lo esperaba”, añade, “yo lo conocía, naturalmente, pero no pensé en él. En este sentido fue una sorpresa grande. No pensé que estuviera en el pequeño grupo de los candidatos. Cuando escuché su nombre, al principio estaba inseguro. Pero cuando vi cómo hablaba por un lado con Dios, por otro con los hombres, me puse realmente contento. Y feliz”.

Feliz también porque la elección de un cardenal de América Latina significa que “la Iglesia está en movimiento, es dinámica, abierta, con perspectivas de nuevos horizontes delante de sí. Que no está congelada en esquemas: sucede siempre algo sorprendente, que posee una dinámica intrínseca capaz de renovarla constantemente”.

Eso es “bonito y alentador” según el papa emérito. “Las distribuciones temporales se deciden siempre a posteriori. Y en un segundo momento se establece que aquí inicia en la Edad Media y allí comenzaba la Era Moderna”.

Aún así, “es evidente que la Iglesia está abandonando cada vez más las viejas estructuras tradicionales de la vida europea y cambia de aspecto y se viven nuevas formas”. Sobre todo es claro, a los ojos de Ratzinger, “que la descristianización de Europa progresa, que el elemento cristiano desaparece cada vez más del tejido de la sociedad”. Como consecuencia, “la Iglesia debe encontrar una nueva forma de presencia, debe cambiar su modo de presentarse. Están teniendo lugar cambios históricos, pero no se sabe todavía en qué punto se podrá decir con exactitud aquí comienza uno y otro”.

Respecto al tema de cambios históricos, buena parte del volumen está dedicado al cambio que supuso la declaración en latín del 11 de febrero de 2013, con su dimisión. “El texto de la renuncia lo escribí yo” unas dos semanas antes, subraya Benedicto, explicando que lo escribió en latín “porque algo tan importante se hace en latín”. Además, “el latín es una lengua que conozco bien como para poder escribir de forma digna. Podría haberlo escrito en italiano, naturalmente, pero estaba el peligro de que cometiera algún error”.

El papa emérito precisa además que “no se ha tratado de una retirada bajo la presión de los eventos o de una fuga por la incapacidad de hacer frente”. “Nadie trató de chantajearme. No lo hubiera permitido. Si hubieran intentado hacerlo no me hubiera ido porque no hay que dejar algo cuando se está bajo presión”. Tampoco es verdad “que estaba decepcionado o cosas parecidas, es más, gracias a Dios, estaba en el estado de ánimo pacífico de quien ha superado la dificultad”, en la que “se puede pasar tranquilamente el timón a quien viene detrás”.

En este caso Francisco, “el hombre de la reforma práctica”. “Fue durante mucho tiempo arzobispo, conoce el trabajo, fue superior de los jesuitas y también tiene el ánimo para meter la mano y acciones de carácter organizativo” evidencia el predecesor. “Yo sabía que este no es mi punto de fuerza”, añade.

Joseph Ratzinger se atribuye “poca determinación en el gobernar y tomar decisiones”. “Aquí en realidad soy más profesor, uno que reflexiona y medita sobre cuestiones espirituales” dice, “el gobierno práctico no es mi fuerte y esta es realmente un debilidad. Pero no me veo como un fracasado — afirma– porque durante ocho años he desarrollado mi servicio. Ha habido momentos difíciles, basta pensar, por ejemplo, en el escándalo de la pedofilia y el caso Williamson o también en el escándalo Vatileaks; pero en general ha sido un periodo en el que muchas personas han encontrado un nuevo camino a la fe y hubo también un gran movimiento positivo”.

Tal movimiento desmanteló también el lobby gay en el Vaticano: “un pequeño grupo de 4 quizá 5 personas” señalado en el informe de la comisión de los tres cardenales. “Los hemos disuelto. ¿Se formarán otros? No lo sé. De todas formas el Vaticano no está lleno de casos similares”, comenta el pontífice emérito.

En las páginas del libro, comparte después con el público preciosos fragmentos de memoria su participación en el Concilio Vaticano II. Asimismo, deja espacio a sus lecturas juveniles, su pasión por la música y la atención por la política. Recordando los tiempos del Concilio, Benedicto confiesa haber formado parte del lado “progresista”, porque en aquella época “no significaba todavía romper con la fe, sino aprender a comprenderla mejor y vivirla en una forma más justa, en movimiento desde los orígenes”.

Por otro lado recorre también sus ochos años de “profesor papa” o “papa teólogo”. Trataba de ser sobre todo un pastor –afirma– y una de las tareas de un pastor es tratar con pasión la Palabra de Dios, que es también lo que debería hacer un profesor.

Como Papa, Ratzinger, pretendió en seguida que la Iglesia se separase de algunos bienes para poder difundir su auténtico bien. No hubo signos y acciones evidentes, pero  –dice el papa emérito– es muy difícil. “Aquí es necesario siempre comenzar por nosotros mismo. ¿El Vaticano posee demasiados bienes? No lo sé. Nosotros debemos hacer mucho por los países más pobres, necesitados de nuestra ayuda: pero está el Amazonas, África, etc. El dinero debe estar sobre todo para poder darlo, sirve para algo, pero, para poder gastar, debe entrar por algún lado, así que no sé muy bien qué tendríamos que ceder. Creo que se lo tienen que preguntar sobre todo las Iglesias locales, empezando por la alemana”.

Mirando al presente, Ratzinger admite que se prepara para la muerte. Es necesario hacerlo, subraya, “en el sentido de cumplir cierta edad, pero vivir preparándose para superar el último examen frente a Dios. Abandonar este mundo y encontrarse delante de Él y los santos, a los amigos y a los enemigos”. Él se prepara “pensando siempre que el final se acerca”. Lo importante no es imaginárselo, sino “vivir en la conciencia de que toda la vida tiende a este encuentro”.

Salvatore Cernuzio

San Juan Crisóstomo, padre de la Iglesia, un hombre de excelsa virtud y gran talento

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Elocuente orador; por ello fue denominado ‘boca de oro’. Pío X lo proclamó patrón de los predicadores y Juan XXIII patrono del Concilio Vaticano II

Es uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia católica, aclamado por los ortodoxos como uno de los más insignes teólogos junto a san Basilio y a san Gregorio. Crisóstomo significa «boca de oro», sobrenombre que recibió por su excelsa forma de predicar, y que siglos más tarde indujo a san Pío X a proclamarle «patrón de los predicadores». Era originario de Antioquia de Siria donde nació hacia mediados del siglo IV. Su padre, oficial del ejército imperial, murió al poco de su nacimiento, y fue su piadosa madre Antusa la que se ocupó de educarle a él y a otra hija mayor. Andragatio y también Libanio, que ya era un prestigioso orador, le introdujeron en el conocimiento de la filosofía y de la retórica. Su elocuencia, que sin duda era un don natural, le hacía apto para aspirar a una exitosa carrera como abogado o político. Así lo consideró Libanio reconociendo que su formidable alumno le había aventajado. Pero Juan siguió otro camino invirtiendo esa gracia que Dios le había otorgado precisamente para darle la mayor gloria.

El año 368 recibió el bautismo de manos del obispo Melecio, conocido suyo, que influyó decisivamente en su vida. Él le nombró lector y se ocupó de instruirle dejándole preparado para el sacerdocio. Entretanto, el santo recibía clases del afamado Diodoro de Tarso, un brillante exégeta que impartía clases a un selecto grupo de jóvenes en Antioquía; algunos de ellos fueron prelados. En el 374, fallecida ya Antusa, Juan emprendió una experiencia eremítica en el monte Silpio, al sur de Antioquia. Fueron intensos años comunitarios, y uno de estricta soledad, acumulando vivencias de incalculable valor, acostumbrado a escuchar la voz de Dios en el silencio, empapándose de la Escritura, particularmente atrapado por las cartas paulinas. Entonces se hallaba en el ecuador de su vida. Por razones de salud sólo pudo soportar este tiempo de severa ascesis y penitencias. Era providencial. El veto que le impuso su organismo obligándole a abandonar la montaña el año 381 le abrió las puertas de su verdadera vocación. Poco tiempo después, Melecio le ordenó diácono. Y el año 386 recibió el sacramento del sacerdocio de manos del prelado Flaviano quien le designó predicador, misión que desempeñó admirablemente durante doce años.

Su rigurosa preparación y vasta cultura, unidas a su fe y entrega, impregnaban sus profundos comentarios a través de los cuales inducía a los fieles a vivir en conformidad con el Evangelio, lejos de la depravación y vicios morales. Muchos de ellos están recogidos en las Homilías; algunas las dedicó a los que derribaron las esculturas imperiales como medida de fuerza contra los gobernantes que no les dejaban respirar con abusivos impuestos. También es autor de numerosos tratados y cartas. El año 397, a la muerte de Nectario, patriarca de Constantinopla, fue proclamado sucesor suyo aún en contra de su voluntad. Tanto sintió su marcha Antioquia que tuvo que partir escoltado para evitar el tumulto de las gentes. Este virtuoso de la elocuencia se ganó al pueblo llano con sus encendidas exhortaciones a vivir la virtud. Luchó con denuedo contra los arrianos. Muchos pecadores y herejes se convertían al sentirse retratados en sus palabras con las que advertía de la gravedad de los vicios y errores en los que incurrían. Las dos horas largas que de ordinario duraban las homilías parecían un santiamén; en ellas exigía y denunciaba a la par que instruía. A las personas que no tenían doblez y mostraban disposición al arrepentimiento les decía: «Si habéis caído en el pecado más de una vez, y aún mil veces, venid a mí y yo os curaré». No seguía el mismo criterio con los impenitentes.

Tenía alma monástica; conocía los peligros de una contemplación puramente teórica cuando de lo que se trata es de encarnar a Cristo. Se preocupó de la formación de personas de todas las edades, denunció los abusos del clero y reformó sus costumbres. Apuntaba certero al corazón y alentaba la vida espiritual de la gente, especialmente de los pobres, a quienes ayudaba a paliar sus carencias materiales. Fundó hospitales, promovió comunidades entre mujeres de fe y también impulsó la evangelización de otras ciudades. Vivía la oración continua: «Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios… Me refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de corazón, que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se prolonga sin cesar día y noche». Estaba abrazado a la cruz. Su vibrante defensa de la verdad y abiertas críticas a la ostentación y a otros desmanes que detectaba en una parte del clero y en ciertos núcleos de poder le deparó muchos problemas.

La diplomacia no era uno de sus fuertes. Franco y directo se ganó opositores que albergaban intereses dispares a los evangélicos, huyendo de la exigencia que predicaba. En particular Teófilo, el patriarca de Alejandría, y la emperatriz Eudoxia, esposa de Arcadio, levantaron malévolas acusaciones de traición contra él, que no eran más que una burda venganza por las consecuencias de sus sermones que no les beneficiaban. El Sínodo de la Encina convocado el año 403 sancionó su caso, y un grupo de obispos capitaneados por Teófilo y la connivencia de Eudoxia acordaron su destierro. Tras su pronta reposición en la sede de Constantinopla por Arcadio, nuevamente sus advertencias pastorales a la emperatriz atrajeron su ira y fue enviado a Cucusa, cerca de Armenia. Desde allí continuó redactando valiosas cartas pastorales. El papa Inocencio I lo consoló y medió para que fuera restituido, pero sus gestiones no tuvieron eco. Juan nunca llegó a Pitionte que hubiera sido el final de su trayecto. En el transcurso del viaje que emprendió en Cucusa, hallándose en Comana, región del Ponto, falleció el 14 de septiembre del año 407, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, musitando: «Gloria a Dios por todo».

Isabel Orellana Vilches (Zenit-Madrid)
Foto: Translación de las reliquias de San Crisóstomo en la iglesia de los Santos Apóstoles.
Miniatura del Menologion de Basilio II. (Wiki commos)

 

El Papa: No hay pecado del que no podamos resurgir con la gracia de Dios

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Texto completo de las palabras del Santo Padre para introducir la oración del ángelus el domingo 11 de septiembre

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, como cada domingo, ha rezado el ángelus desde la ventana del estudio de l Palacio Apostólico, con los miles de personas congregadas en la plaza de San Pedro para el habitual encuentro dominical.  

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La liturgia de hoy nos propone el capítulo 15 de Evangelio de Lucas, considerado el capítulo de la misericordia, que recoge tres parábolas con las que Jesús responde a las murmuraciones de los escribas y de los fariseos. Estos critican su comportamiento y dicen: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos” (v. 2). Con estas tres historias, Jesús quiere hacer entender que Dios Padre es el primero a tener hacia los pecadores una actitud acogedora y misericordiosa. Dios tiene esta actitud. En la primera parábola Dios es presentado como un pastor que deja las noventa y nueve ovejas para ir a buscar a la que se ha perdido. En la segunda es comparado con una mujer que ha perdido una moneda y la busca hasta que la encuentra. En la tercera parábola Dios es imaginado como un padre que acoge al hijo que se había alejado; la figura del padre desvela el corazón de Dios misericordioso, manifestado en Jesús.

Un elemento común de estas parábolas es el expresado por los verbos que significan alegrarse juntos, hacer fiesta. No se habla de hacer luto, se alegra, se hace fiesta. El pastor llama a los amigos y vecinos y les dice: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido” (v. 6); la mujer llama a las amigas y las vecinas diciendo: “Felicitadme, he encontrado la moneda que se me había perdido” (v. 9); el padre dice al otro hijo: “Celebramos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado” (v. 32). En las primeras dos parábolas el acento está en la alegría tan incontenible que se debe compartir con “amigos y vecinos”. En la tercera parábola está puesto en la fiesta que parte del corazón del padre misericordioso y se expande a toda la casa. Esta fiesta de Dios por aquellos que vuelven a Él arrepentidos es entonada como nunca en al Año jubilar que estamos viviendo, ¡como dice el mismo término ‘jubileo’! Es decir, júbilo.

Con estas tres parábolas, Jesús nos presenta el verdadero rostro de Dios, un Dios de los brazos abiertos, que trata a los pecadores con ternura y compasión. La parábola que más conmueve a todos, porque manifiesta el infinito amor de Dios, es la del padre que aferra a sí y abraza al hijo encontrado. Es decir, lo que conmueve no es tanto la triste historia de un joven que se precipita a la degradación, sino sus palabras decisivas: “Ahora mismo iré a la casa de mi padre” (v. 18). El camino de regreso hacia la casa es el camino de la esperanza y de la vida nueva. Dios espera nuestro volver a ponernos en viaje, nos espera con paciencia, nos ve cuando todavía estamos lejos, corre a nuestro encuentro, nos abraza, nos besa, nos perdona. Así es Dios, así es nuestro Padre. Y su perdón cancela el pasado y nos regenera en el amor. Olvida el pasado, esta es la debilidad de Dios. Cuando nos abraza, nos perdona, pierde la memoria, no tiene memoria. Olvida el pasado. Cuando nosotros pecadores nos convertimos y nos hacemos reencontrar por Dios, no nos esperan reproches y durezas, porque Dios salva, acoge de nuevo en casa con alegría y hace fiesta. Jesús mismo en el Evangelio de hoy dice: “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Os hago una pregunta, ¿habéis pensado alguna vez que cada vez que vamos al confesionario, hay alegría y fiesta en el cielo? ¿Habéis pensando en esto? Es bonito.

Esto nos infunde gran esperanza porque no hay pecado en el que hayamos caído del cual, con la gracia de Dios, no podamos resurgir. No hay una persona irrecuperable, nadie es irrecuperable, porque Dios no para nunca de querer nuestro bien, ¡también cuando pecamos!

La Virgen María, Refugio de los pecadores, haga surgir en nuestros corazones la confianza que se enciende en el corazón del hijo pródigo: “Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti” (v. 18). Por este camino, podemos dar gloria a Dios, y su gloria se pueden convertir en su fiesta y la nuestra.

Francisco pide oraciones por la crisis política de Gabón

ANGELUS 11.9.2016

El papa Francisco, al finalizar la oración del ángelus en la plaza de San Pedro, ha querido dedicar unas palabras a la delicada situación que está viviendo Gabón. La crisis en el país africano comenzó el pasado 27 de agosto, al desatarse una ola de violencia al conocerse los resultados de las elecciones, que daban una ajustada victoria al presidente Ali Bongo. Por su parte, el líder de la oposición Jean Ping, pone en duda la validez de los comicios. El Santo Padre se une, así,  a los obispos de este país africano para invitar a las partes “a rechazar todo tipo de violencia y a tener siempre como objetivo el bien común” 

Queridos hermanos y hermanas,

Quisiera invitar a una oración especial por Gabón, que está atravesando un momento de grave crisis política. Encomiendo al Señor las víctimas de los enfrentamientos y a sus familiares. Me uno a los obispos de ese querido país africano para invitar a las partes a rechazar todo tipo de violencia y a tener siempre como objetivo el bien común. Animo a todos, en particular a los católicos, a ser constructores de paz en el respeto de la legalidad, en el diálogo y en la fraternidad.

Hoy, en Karaganda, Kazajistán, es proclamado beato Ladislao Bukowinski, sacerdote y párroco, perseguido por su fe. ¡Cuánto ha sufrido este hombre, cuánto! En su vida demostró siempre gran amor por los más débiles y necesitados y su testimonio aparece como un condensado de las obras de misericordia espirituales y corporales.

Saludo con afecto a todos vosotros, romanos y peregrinos procedentes de distintos países: las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones.

Saludo a los fieles de Rumanía, los de la diócesis de Ferrara-Comacchio, el Movimiento Fides Vita, los grupos de Venecia, Cologna Veneta, Caprino Veronese, Serravalle Scrivia y Novara; como también los ciclistas venidos de Borgo Val di Taro y los chicos de la confirmación de Rocco Sambuceto.

San Juan Gabriel Perboyre, presbítero francés, integrante de la Congregación de la Misión

San Juan Gabriel Perboyre
Apasionado por Cristo, aspiró al martirio que obtuvo en la misión de China en medio de atroces sufrimientos

Su espeluznante martirio en la misión de China, plagado de torturas, puede equipararse por su refinada crueldad a otros estremecedores que tantas veces han segado la vida de los fieles seguidores de Cristo. Era natural de Puech de Montgesty, Francia, donde nació el 6 de enero de 1802. Fue el primogénito de ocho hermanos. Al parecer, su vocación al martirio como misionero se suscitó siendo niño ante la encendida prédica que un sacerdote hizo en una de las iglesias que solía frecuentar. Que ingresara en la Congregación de la Misión era algo comprensible ya que un tío paterno formaba parte de la misma, y sus allegados vivían este hecho como una bendición. Gran parte de los varones de la familia fueron ordenados sacerdotes. Poco antes de cumplir los 15 años, Juan Gabriel afirmó que quería ser misionero. Y cumplió su deseo ingresando en el seminario de Montauban, regido por los padres lazaristas que estaban impregnados del carisma de san Vicente de Paúl. En realidad él fue como simple acompañante de su hermano pequeño Luis, con la idea de permanecer allí por una temporada. Pero se sintió llamado al sacerdocio y a lo largo del noviciado ratificó su anhelo de derramar su sangre por amor a Cristo.

Fue ordenado en septiembre de 1825 por el obispo de Montauban, y aunque le urgía partir a las misiones tuvo que esperar doce años para cumplir su sueño. Quiso ocupar el lugar de su hermano Luís que había muerto de unas fiebres mientras navegaba rumbo a China. Pero no gozaba de buena salud, y sus superiores lo nombraron subdirector del noviciado de París después de haber ejercido la docencia brillantemente en el seminario de Saint-Flour. Hasta allí llegaban noticias del martirio de otros hermanos que no hacían más que alimentar su deseo de morir por Cristo. Ante las prendas que vestía el P. Clet, uno de los religiosos que había alcanzado esa palma añorada por él, manifestó: «He aquí el hábito de un mártir… ¡cuánta felicidad si un día tuviéramos la misma suerte» […]. «Rezad para que mi salud se fortifique y que pueda ir a la China, a fin de predicar a Jesucristo y de morir por Él». Pero sus hermanos ya conocían su afán por restablecerse físicamente para que su débil constitución no le impidiera viajar a China, difundir allí el Evangelio y obtener la corona martirial. No ocultaba que había ingresado en la Orden con ese exclusivo fin.

Finalmente, como en 1835 los médicos autorizaron su partida, los superiores dieron también su visto bueno. El intrépido apóstol llego a Macao en marzo de 1836. Estudió con verdadero ahínco la lengua china y adoptó las costumbres y vestimenta de los ciudadanos, rapándose la cabeza y dejando crecer su pelo y bigotes. Los dos años que permaneció en Ho-nan y en Hu-pé se caracterizaron por una intensa acción apostólica entre los niños abandonados a los que asistía, alimentaba e instruía. Las duras inclemencias del tiempo no le detuvieron. Padeció innumerables fatigas, entre otras, las provenientes de sus agotadores desplazamientos que solía realizar a pie o bien en carretas tiradas por bueyes, siempre alegre, sin importarle pasar hambre y sed, o mantenerse en un estado de vigilia. «Hay que ganarse el cielo con el sudor de la frente», decía. Todo se le hacía poco para poder transmitir el amor a Cristo: su única pasión: «Jesucristo es el gran maestro de la ciencia; sólo Él da la verdadera luz. Toda ciencia que no procede de Él y no conduce a Él es vana, inútil y peligrosa. No hay más que una sola cosa importante: conocer y amar a Jesucristo». Con su gracia superó momentos de desánimo que le asaltaron alguna vez.

En 1839 se desató una persecución y los misioneros de la comunidad de Hu-pé donde Juan Gabriel estaba destinado, tuvieron que huir. Llegaba su momento; se hallaba preparado. Tanto su familia como su superior conocían su absoluta disponibilidad a cumplir la voluntad divina, su deseo de unirse al Redentor. El valeroso misionero había escrito a su padre anticipándose a darle consuelo ante la más que previsible muerte que sabía que le aguardaba y que ansiaba: «Si tuviéramos que sufrir el martirio, sería una gracia grande que se nos concedería; es algo para desear, no para temer». Y al superior general le transmitía su paz con la sabiduría encarnada en Cristo, fruto de su oración, exponiendo con claridad lo que conocía sobradamente acerca de la vida misionera; de forma implícita ratificaba su cotidiano abrazo a la cruz y su serena espera ante el martirio: «No sé qué me reservará el futuro. Sin duda muchas cruces. Es la cruz el pan cotidiano del misionero».

No era temerario. Y cuando todos huyeron, él se refugió en un bosque. Pero un mandarín convertido lo delató por treinta taéis, moneda china. A partir de ese instante los atroces suplicios que tuvo que sufrir fueron indecibles. En un papel impregnado de sangre escribió a la comunidad narrando parte de lo que había padecido hasta ese momento, dando respuesta a la petición el P. Rizzolati. Le torturaron salvajemente con tal de lograr que apostatase de su fe en Cristo. Pero él se mantuvo inalterable, sin proferir ninguna queja. Como sobrevivía a los crueles tormentos, lo encarcelaban para volver a atormentarlo con más violencia si cabe. El virrey no logró que pisoteara el crucifijo. Y el 11 de septiembre de 1840 después de haber permanecido aherrojado con grilletes y haber sido tratado con tanta ferocidad en Ou-tchang-fou, lo ataron a un madero en forma de cruz muriendo estrangulado. Tenía 38 años. León XIII lo beatificó el 10 de noviembre de 1889. Juan Pablo II lo canonizó el 2 de junio de 1996. Sus restos reposan en París, en la capilla de la sede general de su Congregación.

Isabel Orellana Vilches (Zenit-Madrid)

El Papa en Sta. Marta: Evangelizar no es hacer proselitismo ni presumir

Evangelizar
En la homilía de este viernes 9 de septiembre, el Santo Padre recuerda que evangelizar es dar gratis lo que Dios me ha dado gratis

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- No reducir la evangelización al funcionalismo ni tampoco a un simple ‘paseo’. Es la petición realizada por el papa Francisco en la homilía de la mañana del 9 en Santa Marta. De este modo, el Pontífice ha subrayado la importancia que debe asumir el testimonio en la vida de los cristianos, advirtiendo de la tentación de proselitismo y de convencer con la fuerza de las palabras.

El Santo Padre hace referencia a la Primera Lectura, de san Pablo a los Corintios, para preguntarse qué significa dar testimonio. De forma especial el Papa se ha detenido en el hecho de que evangelizar no significa reducirlo “a una función”.

Lamentablemente, ha advertido el Santo Padre, se ven cristianos que viven el servicio como una función. Laicos y sacerdotes que presumen de lo que hacen. Así, Francisco ha recordado que “evangelizar no es hacer proselitismo”. Es decir, “ni hacer el paseo, ni reducir el Evangelio a una función ni hacer proselitismo: esto no es evangelizar”. De este modo ha observado que Pablo dice que evangelizar es para él una necesidad “que se le impone”. Y ha añadido que un cristiano tiene la obligación, pero con esta fuerza, como una necesidad de llevar el nombre de Jesús, pero desde el propio corazón.

El Papa ha proseguido que anunciar el Evangelio no puede ser un presumir sino “una obligación”. Y el estilo debe ser “hacerse todo a todos”. El estilo es “ir y compartir la vida de los otros, acompañar; acompañar en el camino de la fe, hacer crecer en el camino de la fe”.

En esta línea, el Pontífice ha asegurado que debemos ponernos en la condición del otro: “Si él está enfermo, acercarme, no agobiarlo con argumentos”, “ser cercano, asistirlo, ayudarlo”. Se evangeliza “con esta actitud de misericordia: hacerse todo a todos. Es el testimonio que lleva la Palabra”, ha precisado.

El Papa ha hecho referencia a una pregunta que le hizo un joven en la JMJ de Cracovia, “qué decir a un amigo ateo”. A lo que Francisco respondió: “la última cosa que tienes que hacer es decir algo. Comienza por hacer y él verá lo que haces y te preguntará”.

Asimismo, el Pontífice ha explicado que evangelizar es dar este testimonio: yo vivo así porque creo en Jesucristo. Y esto, reconoce el Papa, despierta curiosidad en la gente.

Por otro lado ha querido recordar que evangelizar es algo que se hace gratuitamente, “porque nosotros hemos recibido gratuitamente el Evangelio”, “la gracia, la salvación, no se compra y tampoco se vende: es gratis. Y gratis debemos darla”.

El Santo Padre ha querido mencionar a San Pedro Claver, del que hoy se celebra la memoria. Un misionero que “se fue a anunciar el evangelio”. Quizá, ha añadido, “él pensaba que su futuro era predicar: en su futuro el Señor le pidió estar cerca, junto a los descartados de aquel tiempo, a los esclavos, los negros, que llegaban allí, desde África, para ser vendidos”.

En esta línea, ha observado que “este hombre no dio un paseo, diciendo que evangelizada”, “no ha reducido la evangelización a un funcionalismo y tampoco a un proselitismo”. Sin embargo “anunció a Jesucristo con los gestos, hablando a los esclavos, viviendo con ellos, viviendo como ellos”. Y como él en la Iglesia “hay muchos”.

Finalmente ha querido recordar que todos nosotros “tenemos la obligación de evangelizar”, viviendo la fe, hablando con mansedumbre, amor, sin querer convencer a nadie, pero gratuitamente. “Es dar gratis lo que Dios me ha dado gratis”, eso es evangelizar

Santa Teresa de Calcuta, portavoz del grito más necesario

Carlos Osoro

El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, retoma sus cartas semanales con un texto centrado en santa Teresa de Calcuta, canonizada el pasado domingo en Roma. El prelado subraya que fue «portavoz del grito más necesario para los hombres por parte de Dios: "¡Amaos los unos a los otros!"».

Texto íntegro de la Carta

Al comenzar este nuevo curso quiero hablaros de santa Teresa de Calcuta, canonizada el pasado domingo en Roma. El Papa Francisco la definió como «una incansable trabajadora de la misericordia» por su labor con hombres y mujeres, con rostros concretos, en todas las latitudes de la tierra, desde el inicio de la vida hasta la muerte. Con su ejemplo, ¡qué bien nos hace entender la madre Teresa lo que Dios desea de nosotros los hombres! Quiero resumirlo en tres direcciones:

1. Es portavoz, en el siglo XXI, del grito más necesario para los hombres por parte de Dios: «¡Amaos los unos a los otros!». Como subraya el apóstol san Juan, «amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios […]. En esto consiste el amor: […] en que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. La madre Teresa, portavoz de Jesucristo, nos dice con su vida y con sus obras que lo que más necesita el hombre es amar y ser amado. ¿Por qué se le acercaban todos los hombres, ricos y pobres, sabios e ignorantes, arrogantes y sencillos? ¿Por qué? Ella cambiaba los corazones de todos con su vida, que expresaba lo más real que cada ser humano tiene en el fondo del corazón: el amor es el gran olvidado en nuestro mundo. Y ella nos hizo caer en la cuenta –como lo hace hoy a través de sus hijas y de sus obras– de la presencia de ese amor. Nos gritaría: «Dad rostro a Cristo con vuestra vida».

Nos viene bien a todos preguntarnos cuál es la voluntad de Dios para y en nuestra vida. La respuesta nos la da Jesucristo: que nos amemos como Él nos ama, sin condiciones. ¿Se manifiesta esto entre nosotros cada día? ¿Se manifiesta en nuestras relaciones personales, familiares, culturales, económicas, políticas, etc.? Santa Teresa nos dice que el amor solamente existe encarnado. Nos recuerda cómo Dios hizo posible que los hombres entendiésemos qué y quién es el amor, se encarnó, tomó rostro humano. Ella nos dice que así se tiene que entregar en este mundo, en el servicio a cada persona, ya que el amor es don, sangre derramada, paciencia, sonrisa, compañía, escucha, caricia, comprensión. Y todo ello sin ningún límite, ya que es Dios quien da su amor a través de nosotros. Es un amor para todos, sin distinción de ningún tipo. Este amor es imposible de entender si no estamos unidos a Él, porque es entonces cuando descubrimos que, nos encontremos a quien nos encontremos, estamos sirviendo a Jesús.

2. Los hombres de hoy tienen más necesidad que en otras épocas de frescura y autenticidad, que no es tirar o echar en cara nada a nadie, sino ser luz, huerto regado, manantial de agua que sacia la sed. ¿Por qué acogían todos los hombres, de todas las condiciones, a la madre Teresa? Ella no callaba nada, hablaba fundamentalmente con obras y, si pronunciaba palabras, eran de esperanza a quienes pedían ayuda, y para recordar que Dios nos pide dar siempre para que otros crezcan y vivan.

El profeta Isaías nos dice que «cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará la luz en las tinieblas». Como él, santa Teresa de Calcuta nos trae la noticia de dónde está la frescura y la autenticidad que quiere Dios de los hombres. «El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas […]; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne, […] brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía, […] serás huerto bien regado, un manantial de aguas».

El día que entregaron el Nobel de la Paz a madre Teresa, el presidente del Comité del galardón, Egil Aarvik, señaló que reconocían «a aquella que con mayor entusiasmo ha cumplido este mandato de cuidar la prójimo, sin fijarse en las fronteras». Y creo que, si tuviese que decir en pocas palabras dónde se encuentra el nervio de la existencia de santa Teresa, os diría precisamente que se encuentra en esta convicción: «Las fronteras, la división, los motivos de enfrentamiento no son más que las consecuencias de que el hombre ha abandonado a Dios, ha olvidado que Dios le ama». Y añado yo que, al mostrar el rostro de Dios desde la caricia, la cercanía, la sonrisa, el recuerdo de que el ser humano es imagen y semejanza de Dios, lograba que quienes estaban a su lado se sintieran a gusto y contribuyeran en su causa: acercar el amor de Dios a los hombres.

3. Estamos llamados a concretar en la realidad lo que invocamos en la oración y profesamos en la fe: no hay alternativa a la caridad. Como refleja el Evangelio, las obras de misericordia son concretas y para siempre. Nuestra vocación de discípulos de Cristo es la caridad. En la madre Teresa tenemos un recuerdo permanente y cercano a nuestras vidas de lo que somos; ella es recuerdo de Cristo que se quiere seguir acercando a todos los hombres, es un compromiso con los más pobres y descartados de la vida. ¿Salgo en búsqueda de los hombres igual que el Señor salió a buscarme a mí? ¿Reparo en todos, en quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, en los jóvenes que no viven con ideales y en las familias en crisis? ¿Me inclino ante los enfermos, encarcelados, refugiados, inmigrantes? ¿Atiendo a los abandonados, niños y mayores, enfermos o sanos? Mi vida, como la de Jesús, tiene que estar disponible para acercarme a todos como santa Teresa de Calcuta, comprometiéndome en la acogida y en la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada.

Abramos horizontes de alegría y esperanza mostrando, regalando y comunicando el amor misericordioso de Dios, mirando, tocando, hablando, orando, entrando en el corazón de todos los hombres, como lo hizo Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios mismo entre nosotros. «Cada vez que lo hiciste con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis». ¿Qué quiere decirnos el Señor con esto? A través de la madre Teresa lo vemos claramente:

  • Que tengamos siempre el gusto de Cristo: que todos los hombres puedan conocerlo y amarlo. Él es el centro desde el cual solo se puede difundir la paz. Seamos troquelados por Él en imágenes de Dios; para ello, unámonos a Él, celebremos que Dios nos ama. Regalemos perdón, pues perdonar nos da un corazón puro. ¿Quiénes somos nosotros para condenar a nadie? Sintamos la gracia de que el mayor premio y regalo es amar a Jesús, pues hemos sido creados para amar a Jesús.
  • Que descubramos siempre a Jesús entre los hombres: quienes nos ven han de poder ver a Jesús en nosotros. Mostremos que la misión principal de los cristianos es amar y recordemos a los hombres que son amados por Dios. Siempre me preocupa eliminar distancias entre los hombres y por eso busco gestos que despierten la confianza y la cercanía, nuestro trabajo ha de ser nuestro amor en acción; que, con nuestro cariño, los que nos rodeen descubran el amor de Dios.
  • Que como Jesús pasemos haciendo el bien: la prueba que Dios nos pone es elegir el camino que nos propuso, el de amar y dejarnos amar por Él. Solamente se puede amar y servir a las personas en concreto y no a muchedumbres en abstracto. Tenemos que darnos cuenta de que somos pecadores, pues así nos será más fácil perdonar a los demás. La fe es generosa y siempre dispone a amar. Sentirse felices con Dios en este mundo supone algunas cosas: amar como Él, ayudar como Él, dar como Él da, salvar como Él… Para esto hay que permanecer en su presencia.

Experimentemos como santa Teresa de Calcuta su contacto con nosotros.

Con gran afecto, os bendice,

+ Carlos, arzobispo de Madrid

Comienza la Semana Grande de las fiestas patronales de Majadahonda en honor del Santo Cristo de los Remedios

Cristo de los Remedios

Con el pregón que ofrecerá desde el balcón del Ayuntamiento Adelardo Rodríguez, Presidente de la Fundación Atlético de Madrid y ex jugador de fútbol, la ciudad inicia mañana 13 de septiembre las Fiestas Patronales en Honor al Santísimo Cristo de los Remedios. A continuación, a partir de las 19.15 horas, las tunas harán un pasacalle por la Gran Vía hasta el escenario de la Plaza de Colón, donde ofrecerán un con-cierto.

El Recinto Ferial abrirá sus puertas desde mañana hasta el domingo 18. Allí se celebrarán conciertos como el de Hombres G (jueves), Ariel Rot (viernes) y Auryn (sábado). En esa zona la seguridad estará reforzada con Policía y Guardia Civil, que establecerán controles de tráfico, alcoholemia y sustancias vigilando, de forma es-pecial, que nadie acceda al recinto con botellas de vidrio y suministrando 13.000 envases de plástico.

Además, el Ayuntamiento ha puesto en marcha el Plan de Autoprotección, que tiene como objetivo la descripción de las instalaciones y sus características, el análisis de los posibles riesgos y su prevención y el establecimiento de las pautas de actuación en caso de emergencia, tanto para los Servicios de Emergencias como para profe-sionales y público en general.

Justo al lado del ferial, el parque Adolfo Suárez modificará su horario. Hasta el 18 de septiembre permanecerá cerrado al público de 18.00 a 07.30 horas con el objetivo de garantizar el correcto crecimiento de la vegetación –que podría verse afectada por la afluencia masiva de gente- y de ampliar la seguridad en el entorno.

Programación religiosa

SÁBADO 10
TRASLADO DEL STMO. CRISTO DE LOS REMEDIOS DESDE SU ERMITA A LA PARROQUIA DE SANTA CATALINA
Hora: 
21:00 h.

DOMINGO 11
TRIDUO EN HONOR DEL STMO CRISTO DE LOS REMEDIOS
Predicará el Triduo D. Alfonso Rodríguez, Vicario Parroquial de Santa Catalina Mártir. Se impondrán las cruces a los nuevos hermanos al comenzar el triduo
Hora: 20:00 h.
Lugar: Parroquia de Sta. Catalina Mártir.

LUNES 12
TRIDUO EN HONOR DEL STMO. CRISTO DE LOS REMEDIOS
Predicará el Triduo D. Alfonso Rodríguez Vicario Parroquial de Santa Catalina Mártir
Hora: 20:00 h.
Lugar: Parroquia de Sta. Catalina Mártir.

MARTES 13
TRIDUO EN HONOR DEL STMO. CRISTO DE LOS REMEDIOS
Presentación de los niños de Majadahonda al Santo Cristo
Hora: 19:00 h.
Predicará el Triduo D. Alfonso Rodríguez, Vicario Parroquial de Santa Catalina Mártir
Hora: 20:00 h.
Lugar: Parroquia de Sta. Catalina Mártir. 

MIÉRCOLES 14
SOLEMNIDAD DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
FIESTA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LOS REMEDIOS
Horarios
: 10:00 h. Misa.
12:00 h. Misa Solemne.
20:00 h. Misa.
Terminada la Misa, Solemne Procesión del Santísimo Cristo de los Remedios desde la Parroquia hasta su Ermita.

 

Santo Tomás de Villanueva, uno de los grandes predicadores españoles

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A este agustino, dechado de caridad, se le confieren títulos como: el obispo de los pobres, el san Bernardo español, el arzobispo limosnero y modelo de los obispos. Fue uno de los grandes predicadores españoles

En la festividad de la Natividad de la Virgen María, se celebra también la vida de este santo que nació en 1486 en Fuenllana, Ciudad Real, España, zona geográfica mundialmente archiconocida porque Cervantes situó en ella a su Quijote. Aunque Tomás creció en Villanueva de los Infantes, localidad natal de sus padres, de ahí el sobrenombre que le acompaña. Fue el mayor de seis hermanos; uno de ellos también se abrazó al carisma agustino. Su formación cristiana y piedad con los pobres lo aprendió de su madre. Y tanto calaron sus enseñanzas en él, que lo mismo se desprendía de las prendas que vestía para dárselas a los menesterosos y volver a casa sin ellas –sabía que recibiría la aprobación materna– como de su merienda. Lo enviaron a estudiar a Alcalá de Henares con 15 años. Cursó filosofía en el colegio franciscano de San Diego, y en el de San Ildefonso. Cuando se integró en la Orden de los agustinos de Salamanca en 1516, estaba matriculado en teología, y desde 1512 había ejercido la docencia en filosofía en la universidad de Alcalá. Entre otros alumnos tuvo a los insignes Domingo de Soto y Hernando de Encinas.

En Alcalá había dejado la impronta de su sabiduría y virtud. Era ferviente seguidor de las tesis del Aquinate (también de san Agustín y de san Bernardo), y ya le precedía el prestigio que siempre le acompañaría. La universidad salmantina esperaba tenerle al frente de su cátedra de filosofía, aunque al llegar a la capital del Tormes el santo perseguía otra gloria que obtuvo como agustino. Fue ordenado sacerdote en 1518, a la edad de 33 años. Después sería sucesivamente prior conventual, visitador general, y prior provincial de Andalucía y Castilla. Era un gran apóstol y en 1533, estando al frente de Castilla, envió a fundar a México a los primeros agustinos. Fue profesor de la universidad y un gran predicador; hizo llegar a todos el evangelio con sencillez y profundidad, alejado de retóricas. La base la tenía en la Escritura; no hallaba fundamento mejor. Y así lo advertía: «quien no conoce a fondo las Escrituras no debe asumir el oficio de predicar». Son muy conocidos sus sermones que ponen de relieve su devoción por María.

Paulo III lo designó arzobispo de Valencia en 1544. Con anterioridad Carlos V, que le admiraba profundamente, le ofreció la sede de Granada. Le consideraba un «verdadero siervo mandado de Dios»; le nombró predicador de la corte y lo tuvo entre sus consejeros. Tomás se había negado en aquel momento, pero no pudo convencer a su superior para declinar la sede de Valencia, tras cuya propuesta se hallaba también el monarca. Así que llegó a ella a lomos de una mula, movido exclusivamente por la obediencia. Con las rentas que recibió a su pesar, y de las que se desprendió en cuanto pudo, logró que se reedificara el Hospital General y socorrió a los necesitados. Vestía pobremente, sintiéndose humilde fraile; únicamente le interesaba ser un buen pastor de almas y lo mostró en todo momento.

Su paso por Valencia fue el de un hombre santo. Encontró una diócesis en pésimas condiciones; al ser tan virtuoso sufría viendo el proceder del cuerpo sacerdotal que parecía ir muy por detrás de los fieles a todos los niveles. Así que la reestructuró por completo confiriéndole el espíritu evangélico que le faltaba. Luchó contra costumbres lamentables y situaciones de pobreza, marginación, absentismo e ignorancia, además de vicios diversos que existían en el clero. No se detuvo a pesar de que halló una fuerte oposición. Cuando unos canónigos le amenazaron con apelar al papa si seguía adelante con su idea de convocar un sínodo, porque ya supondrían que lo que emanaría de él podría atentar contra los penosos hábitos que habían adquirido, el santo respondió: «pues yo apelo al Dios del cielo». Su autoridad moral era incontestable; en consecuencia tuvieron que claudicar.

Se ha destacado del santo su intensa espiritualidad marcada por la oración continua, fidelidad, obediencia, la caridad con los enfermos, por los que se desvivía actuando como un ejemplar enfermero, y su amor al estudio. Poesía el espíritu del verdadero pastor, cercano, accesible, siempre disponible para todos: «siendo obispo, no soy mío, sino de mis ovejas». Era un hombre lúcido, silencioso, prudente y discreto al que jamás se le vio perder el tiempo. Detestaba las murmuraciones. Entregado a los actos de piedad, y lector de textos devotos, era muy austero. Una vez se desprendió del humilde jergón que le servía de lecho entregando a los pobres el dinero que le dieron. No obstante, aunque tenía un concepto elevado acerca de la caridad, era también práctico y clarividente. Involucraba a los necesitados procurando que tuvieran trabajo. Decía: «La limosna no solo es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando fuere posible». Era muy inteligente; sin embargo, no le acompañaba la memoria. Y era también distraído; luchó contra ambas deficiencias superándose.

Agraciado con experiencias místicas, no siempre pudo ocultarlas a los demás, como deseaba. Al terminar de oficiar la misa caía en éxtasis y los asistentes percibían su rostro nimbado por la luz. En una ocasión, predicando en Burgos, mientras levantaba el crucifijo exclamó: «¡Cristianos, miradle..!», sin poder añadir más por haberse sumido en un rapto. En otro momento, durante la toma de hábito de un novicio, otro de estos momentos singulares con los que era agraciado le dejó fuera de sí durante un cuarto de hora. Después, con religiosa delicadeza, signo de su profunda vida mística, rogó que le disculparan: «Hermanos: os pido perdón. Tengo el corazón débil y me apena sentirme perdido en ocasiones como ésta. Trataré de reparar mi falta». A punto de entregar su alma a Dios tenía muy presente a sus pobres y en modo alguno deseaba que permaneciesen en las arcas la cantidad de dinero que había, así que instó a sus cercanos a que la repartiesen. Murió el 8 de septiembre de 1555. Paulo V lo beatificó el 7 de octubre de 1618. Alejandro VII lo canonizó el 1 de noviembre de 1658.

Isabel Orellana Vilches (Zenit-Madrid)
Foto: Santo Tomás de Villanuea y San Vicente Ferrer
(Iglesia San Gioacchino – Roma)

 

Expertos profundizan en el mensaje de Fátima con ocasión del centenario

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El 24º Congreso Internacional de Mariología se realiza en Fátima hasta el próximo domingo 11 de septiembre

(ZENIT – Roma).- El 24º Congreso Internacional de Mariología, que se realiza en Fátima, con motivo del centenario de las apariciones de Nuestra Señora a los tres pastorcitos, inició este martes por la tarde y se desarrollará hasta el próximo domingo 11 de septiembre.

Las apariciones de María en la localidad portuguesa de Fátima a los tres pastorcitos, Lucía, Jacinta y Francisco, fueron durante el año 1917, y en ellas la ‘Señora vestida de blanco’, les dio un mensaje compuesto de tres partes.

Mensaje de Fátima
Invitación al 24 Congreso Mariológico Internacional que se realiza en Fátima

El actual evento que se realiza en el Santuario mariano portugués lleva el título ‘El acontecimiento Fátima, cien años después. Historia, mensaje y actualidad’, y cuenta con un enviado especial del papa Francisco: el cardenal portugués José Saraiva Martins.

El obispo de Leiria-Fátima, Antonio Marto, consideró que este congreso gracias a un estudio “riguroso y científico” podrá profundizar la dimensión profética del mensaje mariano de Fátima. Un mensaje, indica la web del santuario, que “esta repleto de esperanza para la Iglesia, la humanidad y el mundo contemporáneo”.

Para Mons. Marto la relación del mensaje de Fátima con el contexto histórico, mundial, eclesial y político, quizás solamente hoy, un siglo después, pueda entenderse con mayor profundidad, belleza y verdad.

Por su parte el rector del Santuario de Fátima, el padre Carlos Cabecinhas, señaló que el Congreso Mariológico no es solo un estudio científico del acontecimiento de Fátima, sino también un evento mariano con una importante dimensión de celebración.

Indicó también que el Santuario desde hace tiempo promueve la divulgación y estudio del evento, gracias también al archivo que ha creado el obispo José Alves Correia en 1955; el Servicio de Estudios, desde 1973 y diversos congresos teológicos pastorales que desde el 2009 son anuales.

Además de las celebraciones litúrgicas de apertura y cierre, el programa prevé la eucaristía diaria y varios momentos de oración y vida espiritual relacionados a la historia de Fátima y del Santuario.

Sergio Mora

Texto completo del mensaje de Fátima y del ‘tercer secreto’

La primera y segunda parte del Mensaje de Fátima

“La primera fue, pues, la visión del infierno.

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! (en la primera aparición). De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor.

Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

— Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz”.

Tercera parte del secreto de Fátima.

“Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡PenitenciaPenitenciaPenitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: « algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él » a un Obispo vestido de Blanco « hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre ». También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios”.

Fuente: la web de la Santa Sede

Claves del éxito: Humildad + Voluntad

Claves del éxito
No se trata de otra cosa que descubrir lo que se tiene, el camino que hay que recorrer y la meta a la que hay que llegar

Lo decisivo de una persona es que se acepte a sí mismo como quién es. Somos lo que somos. Podríamos no serlo, pero estamos. Significa que hay un plan diseñado. Existe un porqué. ¿Cuál es? ¿Cómo es? ¿Es para mí exclusivamente?

Todo es Don. “Que tienes que no hayas recibido, todo es gracia” dice Pablo. La familia, la amistad, el pueblo, la cultura, la creación son regalos. Considerar estos datos implica mayor desafío y responsabilidad. Las cosas ocurren por algo. Ahora se trata de descubrir ese algo.

La radiografía de la humildad es la gratitud. La mejor forma de agradecimiento es la correspondencia. Esto quiere decir estar a la altura de lo que se tiene, se puede hacer y se espera. Siempre para arriba; e incluso llegar más allá. Esa es la mejor respuesta. Sí puedes, eres tú únicamente quien puede hacerlo. No hay otro que lo haga por ti. Entonces para aspirar al más alto nivel se requieren de dos cosas: humildad + voluntad.

No se trata otra cosa que descubrir lo que se tiene, el camino que hay que recorrer y la meta a la que hay que llegar. Ofrecemos lo que hemos recibido. El regalo sólo se recompensa con la ofrenda y la generosidad. Es cuestión de querer; esto es lo más importante.

P. Arnaldo Alvarado S.
SSJ-IESPPSJ