El arzobispo y el obispo auxiliar participarán en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Entre el 18 y el 25 de enero, la diócesis celebrará la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (SOUC), que este año lleva por lema la frase Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia (cf. 2 Cor 5, 14-20). En común con las demás Iglesias y comunidades eclesiales presentes en Madrid, se ha elaborado un programa de celebraciones ecuménicas en varios templos de la ciudad, con presencia tanto del cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, como del obispo auxiliar, monseñor Juan Antonio Martínez Camino.

  • MIÉRCOLES 18 – Apertura de la Semana en la Comunidad Luterana de la Friedenskirche (Iglesia de la Paz). 20:00 h.
    Paseo de la Castellana, 6. Madrid (Metro Colón). Acoge la Iglesia Evangélica de Habla Alemana de Madrid.
    Preside su pastor, el Rvdo. Simon Wolfgang Döbrich.
    Predica el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid.
  • JUEVES 19 – Capilla del Seminario Conciliar. Vísperas solemnes (rito católico). 20:00 h.
    Calle San Buenaventura, 9. Madrid (Metro Latina). Acoge la Iglesia Católica Romana.
    Predica el pastor Ricardo Moraleja Ortega, de la Iglesia Evangélica Española (IEE).
  • VIERNES 20 – Catedral del Redentor. 20:00 h.
    Calle de la Beneficencia, 18. Madrid (Metro Tribunal). Acoge la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE – Comunión Anglicana).
    Preside su obispo, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Carlos López Lozano.
    Predica Dña. Mª Jesús Hernando García, delegada episcopal de Relaciones Interconfesionales de la diócesis católica de Getafe.
  • SÁBADO 21 – Celebración Ecuménica de Jóvenes. 19:00 h.
    Calle General Yague, 26. Madrid (Metro Cuzco). Acoge la parroquia católica de San Germán.
  • DOMINGO 22 – Encuentro Ecuménico de Coros. 19:00 h.
    Paseo de las Delicias, 61. Madrid (Metro Delicias). Acoge la parroquia católica Ntra. Sra. de las Delicias. Participación de coros procedentes de diversas confesiones cristianas de Madrid.
  • LUNES 23 – Iglesia Evangélica del Salvador. 20.00 h.
    Calle Noviciado, 5. Madrid. (Metro Noviciado). Acoge la Iglesia Evangélica Española (IEE).
    Preside la pastora Esther Ruiz Poveda, presidenta del Presbiterio de la IEE de Madrid- Extremadura.
    Predica el Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo Nicolaos Matti Abd Alahad, vicario patriarcal para España de la Iglesia Ortodoxa Siria.
  • MARTES 24 – Iglesia catedral de los Santos Andrés y Demetrio. 20:00 h.
    Calle Nicaragua, 12. Madrid (Metro Colombia). Acoge la Iglesia Ortodoxa Griega. Patriarcado de Constantinopla.
    Preside el Excmo. y Rvdmo. Sr. Metropolita Policarpo, Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal, Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.
    Predica el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Carlos López Lozano, obispo de la Iglesia Española Reformada Episcopal (IERE – Comunión Anglicana).
  • MIÉRCOLES 25 – Catedral Santa María la Real de la Almudena. Clausura de la SOUC. 20:00h
    Calle de Bailén, 10, Madrid (Metro Opera). Acoge la archidiócesis de Madrid de la Iglesia Católica Romana. Preside el Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid Carlos Osoro Sierra.
    Predica el Rvdo. Simon Wolfgang Döbrich, pastor de la Iglesia Evangélica de Habla Alemana de Madrid.

 

 

 

 

El cardenal Carlos Amigo presenta su libro “Francisco de Asís. Historia y leyenda”

El acto se celebrará el martes 17 de enero en la sede de la Diócesis de Ávila con la participación del obispo de la ciudad, Mons. Jesús García Burillo.

Editado por SAN PABLO es un acercamiento a la historia, la vida y el espíritu del santo de Asís, con la intención de reflejar su amor a Dios, su pobreza y su fraternidad.

El Cardenal Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla, presenta en Ávila su libro Francisco de Asís. Historia y leyenda, editado por SAN PABLO. Monseñor Amigo estará acompañado por el Obispo titular de la Diócesis abulense, Mons. Jesús García Burillo, por el Dr. Thomas Baumert, profesor en ESIC, y por Mª Ángeles López Romero, directora editorial de SAN PABLO. La presentación será en el Salón de actos del obispado (Plaza Teniente Arévalo, 5), el próximo martes, 17 de enero, a las 19 horas.

Después de muchas horas de lectura de fuentes y documentos, y de muchas visitas como peregrino a los lugares donde transcurrió la vida de san Francisco, el cardenal Carlos Amigo redescubre la historia, la vida y el espíritu del santo de Asís, con la intención de reflejar su amor a Dios, su pobreza y su fraternidad. En propias palabras del autor, «el santo de Asís es una fuente viva de la que sale por todos los caños el manantial gozoso de saber que Dios es nuestro Padre y que Jesucristo es el primer Hermano». Apoyándose en las genuinas fuentes franciscanas, en los estudios históricos recientes y en el magisterio de los últimos Papas, el autor interpreta la historia de este santo de leyenda, cuya sencillez y humildad acabó transcendiendo su época para convertirse en una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana.

«Este libro –dice el Cardenal en la Introducción– se ha escrito después de muchas horas de lectura de fuentes y documentos, de visitar como peregrino los lugares por los que discurrieran los acontecimientos y contemplar, desde la experiencia de Dios, la historia, vida y espíritu de Francisco de Asís. No podían faltar, en este encuentro con un santo tan querido, aquellos hombres y mujeres que quisieron seguir lo más de cerca posible el espíritu y la obra de Francisco. Son personas ejemplares que hicieron de su propia vida un camino de santidad. Santas y santos que son fiel reflejo de la forma de vida franciscana».

San Francisco Fernández de Capillas, un referente inequívoco para cualquier misionero

El impresionante testimonio de un dominico, ardoroso apóstol y gran asceta, que no ahorró sacrificios para difundir la fe en China, siendo el primer martirizado en ese país. Es un referente inequívoco para cualquier misionero

Sólo la obcecación del que vive inmerso en el odio puede tildar de rebeldía lo que es un alarde de valentía inigualable y para muchos incomprensible. Francisco consumó en China su amor a Cristo derramando su sangre a manos de quienes no supieron vislumbrar la grandeza de un corazón henchido de gozo ante la aventura cotidiana de vivir y difundir la fe en derredor suyo. Su ardor apostólico es todo lo que podía esgrimirse en su contra cuando fue condenado. Ahora bien, está claro que no se llega a apurar el cáliz en esa hora suprema sin haberse dispuesto a cumplir la voluntad de Dios día tras día. La fortaleza en la que se asienta una vocación cuando se nutre de la oración y de la entrega sin paliativos emerge con todo su vigor en el instante definitivo, y eso lo han percibido todos los que se abrazaron a la palma del martirio en defensa de su fe, como le sucedió a Francisco.

La trayectoria humana de este primer beato martirizado en China se inició el 15 de agosto de 1607 en la localidad de Baquerín de Campos, Palencia, España, cuando vio la luz por vez primera, cerrando con su llegada el número de hijos que alegraron aquel humilde hogar bendecido por otros cuatro vástagos anteriores. Familiarizado desde niño con el carisma dominico que tuvo ocasión de conocer en Palencia, vio en él la vía óptima para encauzar su propia vida, por lo cual se trasladó a Valladolid ingresando a sus 17 años en el convento de San Pablo. Coincidió su llegada a la Orden en un momento de expansión por América y el Extremo Oriente. Urgido por su celo apostólico se ofreció voluntariamente para partir en una expedición compuesta por una treintena de jóvenes, todos dominicos, que no dudaban en entregar lo mejor de sí en esa labor evangelizadora, desplegando sus sueños e ilusiones sin temer a la larguísima y complicada travesía que les esperaba. Ese año de 1631, fuertemente asidos a la cruz y llenos de alegría, iniciaron viaje a México. Numerosos contratiempos y fatigas les salieron al paso hasta que llegaron a Manila, su destino final, cuando estaba a punto de cumplirse un año de su partida.

Francisco, que aún no había sido ordenado, recibió este sacramento en la capital filipina. Tenía 25 años y durante casi una década permaneció en la misión de Cagayán, en Luzón, alimentando en su corazón el anhelo de ir a China. Intuyendo lo que allí podía aguardarle, cuidaba su salud espiritual con toda rigurosidad. No podía dejar resquicio alguno para que penetrase la vacilación y el miedo, sentimientos que no pervivían en él, pero que no están lejos de los que se proponen seguir a Cristo. Él mismo reconociendo humildemente que no estaba libre de estas debilidades pedía las oraciones de los suyos: «Que rueguen por mí todos para que me dé Dios nuestro Señor valor, si acaso se ofrece el volver a padecer por Él mayores tormentos de los padecidos y glorificarlo por la muerte, que para todo estoy dispuesto en la voluntad de nuestro Señor». Francisco sabía cómo se combaten las flaquezas humanas: haciéndoles frente, sin dar cancha a las apetencias personales. Buen conocedor de los entresijos de la vida espiritual, vivía con estricta austeridad. La dureza del clima le ayudaba en esta filigrana que trazaba sobre su acontecer: el sol asfixiante y la incómoda presencia de una turba de insectos eran algunos de sus aliados en esta batalla diaria. Una cruz de madera su lecho para los escasísimos momentos que se concedía de descanso; el resto, oración e intensa vida apostólica. Así llegó en 1642 a Fu-kién, después de haber recalado en Formosa.

Su penoso estado de salud acentuado por las mortificaciones, fiebres cuartanas, y otras muchas dificultades, no le impidieron seguir adelante. Firmemente resuelto a todo por Cristo afrontaba su quehacer con inquebrantable fe y la absoluta convicción de que estaba cumpliendo la voluntad divina: «…es Dios nuestro Señor el que aquí me ha traído…» […] «no bastan trazas humanas para sacarme de aquí hasta que se llegue la hora en que tiene determinado nuestro Señor Jesucristo sacarme». Por sus muchas virtudes, que no pasaban desapercibidas para la comunidad cristiana, lo denominaban «santo Capillas». Supo hacerse uno con los que le rodeaban y fue referente para los fieles y ejemplo modélico a seguir. Su fortaleza era bastión en el que los débiles se apoyaban. Era consciente del valor que encierra la autoridad moral: «viéndome todos padecer con igualdad de ánimo… ».

Cuando lo apresaron, acababa de dejar a los enfermos a los que solía atender. Ellos y los que padecían por cualquier motivo obtenían su consuelo: «… yo reparto con ellos (los encarcelados) de lo que me dan y les sirvo en lo que me mandan y me tengo por muy dichoso en eso». Ya dominaba su lengua y había suscitado numerosas conversiones por Fogán, Moyán, Tingteu y otras ciudades. Estuvo detenido dos meses en los que fue sometido a crueles tormentos, hasta que el 15 de enero de 1648 murió decapitado. Sus últimas palabras, dirigidas al juez, fueron: «Yo nunca he tenido otra casa que el mundo, ni otro lecho que la tierra, ni otro alimento que el pan que cada día me ha dado la Providencia, ni otra razón de vivir que trabajar y sufrir por la gloria de Jesucristo y por la felicidad eterna de los que creen en su nombre». Pío X lo beatificó el 2 de mayo de 1909, y Juan Pablo II lo canonizó el 1 de octubre del 2000.

Isabel Orellana Vilches (Zenit-Madrid)

La Iglesia de Madrid celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

La Iglesia celebró este domingo, 15 de enero, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, centrada este año en Menores migrantes, vulnerables y sin voz.

El cardenal arzobispo de Madrid presidió una Misa a las 10:30 horas en la parroquia Crucifixión del Señor que fue retransmitida por La 2 de TVE.

En esta jornada, además, la Delegación de Pastoral del Trabajo celebró el 8º encuentro-convivencia entre trabajadores inmigrantes y autóctonos, con testimonio de padres y educadores de menores sobre esta situación. El encuentro se desarrolló en la parroquia San Pablo de Vallecas, de 17:00 a 20:00 horas. Después de escuchar los testimonios, se reflexionó sobre cómo viven los menores migrantes en Madrid.

Homilía del cardenal Osoro en la Eucaristía del Migrante y del Refugiado

Queridos hermanos:

Como acabamos de escuchar: que «la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros» (1 Cor 1, 1-3). Asumamos la tarea de llevar la gracia y la paz a todos los hombres: hoy especialmente traemos al altar la realidad de los migrantes y refugiados. No son un problema sino una riqueza para la sociedad y un tesoro precioso para la Iglesia que peregrina en Madrid. En este día, la Iglesia desea que pongamos nuestra mirada en los migrantes menores de edad, vulnerables y sin voz. Así nos lo pedía el Papa Francisco, sucesor de Pedro, en su mensaje en la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. ¡Qué densidad, fuerza y atracción para nuestro corazón tienen las palabras que juntos hemos repetido en el salmo!: «El Señor se inclinó y escuchó mi grito […] me puso en la boca un cántico nuevo […] me abriste el oído […] entonces yo digo: aquí estoy […] llevo tu ley en mis entrañas» (cfr. Sal 39). Sí Señor. Aquí estamos, llevamos en las entrañas de nuestro ser, escritas en nuestro ADN (ya que Tú nos has dado tu vida por el Bautismo), las palabras que pronunció Jesús: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9, 37). Son nuestras y las queremos hacer vida en nuestra vida.

Son estas palabras las que nos hacen mirar a nuestro mundo para ver cómo durante más de diez años, con mayor o menor intensidad, han llegado niños a los países de Europa en cuyos rostros se palpa la vulnerabilidad. En este último año, hemos recibido información y datos muy duros: más de 10.000 niños refugiados desaparecidos. Son menores inmaduros, necesitados de que se vele por su interés, extranjeros que no gozan de los derechos plenos, niños sin acompañamiento de su familia o de un adulto responsable. Por su condición de emigrantes menores vulnerables y sin voz, llegan escapando de la violencia o por razones económicas, procedentes a veces de familias desestructuradas, rotas por la guerra o la persecución. Otras veces son menores que eran chicos de la calle y que, si no son bien acogidos, seguirán siéndolo en el país al que acceden.

Las palabras de profeta Isaías que hemos escuchado, al ver la realidad de estos niños, nos invitan a hacerlas verdad: «Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra» ( cfr. Is 49, 3.5-6). Y el Evangelio que hemos proclamado nos habla con claridad de lo que es determinante en el camino de nuestra vida: «Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” […] Y Juan dio testimonio diciendo […] “Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”». Ser luz de los pueblos y ser testigo de Cristo significa que, ante realidades de la vida humana que se extienden por todos los continentes, y muy especialmente la de los niños que se encuentran desprotegidos por ser menores, extranjeros e indefensos, forzados a vivir lejos de su familia o separados de su afecto, hemos de poner los medios para eliminar esa carrera que lleva al tráfico de niños, su explotación y al abuso de menores. Pongámonos manos a la obra: defendamos el derecho a un ambiente familiar sano y seguro, defendamos la familia en la que se pueda crecer con la guía y el ejemplo de un padre y una madre, donde puedan tener educación adecuada y crecer como personas que protagonicen su futuro. Llamo a la comunidad cristiana, a la Iglesia, a alzar la voz, porque somos los adultos la luz, testigos de la Luz que es Cristo. Tenemos que proclamar infatigablemente que las personas son más importantes que las cosas. Por ello, ofrezcamos y pidamos para los emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz:

  1. Ofrezcamos lo que somos como Luz: protección. La Iglesia con todas sus instituciones y comunidades. Invitamos a los organismos civiles a que pongamos tiempo y recursos para proteger a los niños de todas las formas de abuso. A la Iglesia se nos pide unidad en la oración y comunión en la fraternidad. Muchas comunidades religiosas y parroquiales, asociaciones cristianas y laicos comprometidos trabajan ya eficazmente en este campo, pero hemos de aumentar nuestro empeño. No nos importe ser subsidiarios de acciones que tendrían que llevar a cabo las autoridades civiles: lo importante es salvar personas y ofrecer recursos que construyan. Dios se da cuenta mucho antes que los hombres de la dignidad de quien creó a su imagen y semejanza. ¡Ánimo y adelante!
  1. Ofrezcamos lo que somos como Luz: integración. Ofrezcamos recursos, no pongamos obstáculos para la acogida, asistencia e inclusión; propongamos programas de integración social o programas de vuelta a su país asistida y segura. Eliminemos toda forma de captación organizada por redes ilegales, o captaciones para crímenes organizados. La Iglesia ha de ser la voz de estos menores, llenos de sueños y de historias desgarradoras. Sus vidas son voz que interpela y nos pregunta: ¿me dejáis un lugar donde vivir y crecer? Miradme a la cara; soy una persona que llegó a tu casa, hazme un sitio
  1. Ofrezcamos lo que somos como Luz: soluciones estables. Afrontemos el tema de los niños emigrantes desde la raíz: son las guerras, la violación de los derechos humanos entre los que se encuentra el derecho a confesar una fe religiosa y poderlo expresar, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y desastres ambientales. No en último lugar se encuentra la crisis antropológica, el no saber o querer saber la verdad acerca del ser humano. Todo ello convierte a los niños en los primeros en sufrir todas las crisis. Los datos que doy son ofrecidos por UNICEF: 1,8 millones de niños víctimas de explotación sexual; 300.000 víctimas de violencia en la guerra; 168 millones sometidos al trabajo infantil. Escuchemos su voz y demos soluciones estables. Todos los países, todos los pueblos, estamos llamados a afrontar las causas que provocan los desplazamientos forzosos y evitar sus terribles consecuencias para la infancia.

 

Dentro de un momento os presentaré al Señor y diré: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Responderemos todos: «Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». Haz esta sanación en todos nosotros y en todos los hombres, Señor. Reconocerte así es reconocer que Tú estás presente en los más pequeños y vulnerables. Hagamos un mundo como el que Dios mismo diseñó y su Hijo Jesucristo nos ha revelado. Es diferente al que tenemos, pero es posible con tu ayuda. En ello tenemos un reto y una esperanza. Amén.

Imagen: El Cardenal Osoro celebra una Eucaristía
(Foto de archivo. Archimadrid)

Beato Pedro Donders, apóstol de los leprosos, de los indios, de los cimarrones, y de otros pueblos

Este gran apóstol de los leprosos ratifica la grandeza de una vocación que llevó al extremo, como fiel discípulo de Cristo. Nada le detuvo en su misión ejercida en la Guayana Holandesa, ni siquiera su estado de salud y avanzada edad

Si toda vida santa lleva consigo dosis inconmensurables de magnanimidad, algunas, como la de Pedro Donders, parecen superar lo imaginable por las circunstancias en las que discurrieron y la fortaleza que mostraron en todo instante, sosteniendo las bridas de una fe que les hizo acreedoras por derecho propio de la promesa de Cristo: «El que cree en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún» (Jn 14, 12).

Este apóstol de los leprosos, de los indios, de los cimarrones, y de otros pueblos nació el 27 de octubre de 1809 en la aldea de Heikant, cerca de Tilburg en el Brabante holandés. Antes de su nacimiento, su padre, que había contraído matrimonio en terceras nupcias, había perdido dos hijos. Una hermana de Pedro falleció a la edad de 14 años y otro hermano nació inválido. El futuro beato sobrevivió, pero tuvo una frágil salud toda la vida. A los 6 años, perdió a su madre. Su familia era muy pobre y a los 12 años tuvo que ponerse a trabajar para ayudarla. Al tiempo que crecía en medio de la penuria, se acrecentaba su anhelo de ser sacerdote. Sus gestos evidenciaban una gran vocación; pronto se convirtió en un aliado del párroco quién lo nombró catequista. Al menos por una vez, su delicada salud le ayudó a cumplir su sueño, ya que aquélla le impidió realizar el Servicio Militar, dejándole el campo libre para el sacerdocio.

Fue una vocación tardía y algunos rasgos de su torpeza, surgidos en el día a día, suscitaban burlas entre los seminaristas. Sin embargo, su afabilidad y humildad pronto fue advertida por ellos y lo acogieron con afecto y respeto. Cuando tenía 29 años, el rector del Seminario, que veía en él inclinación a las misiones, le animó a seguir la vida religiosa. El camino fue arduo en verdad. Cerradas las puertas de los seminarios de su país por orden del rey, acudió a los jesuitas, a los franciscanos y a los redentoristas belgas de Sint Truiden. Ninguno lo admitió, ni siquiera éstos últimos. En su contra alegaban sus pocas luces o la edad. Sin embargo, tres décadas más tarde se convirtió en redentorista.

El 15 de junio de 1841 fue ordenado sacerdote. Y conoció el trabajo de los redentoristas holandeses en Tilburg, su pueblo natal. No tenía duda: ese era su camino. Partió a misiones en 1842. Llegó a Paramaribo (Surinam, Guayana Holandesa), en una larga travesía de casi cuatro meses, que estuvo plagada de dificultades, aunque no mayores que las que halló en su destino. Desde el primer día dedicó su vida a rescatar de sus muchas miserias y bajos instintos (prostitución, pobreza, promiscuidad, alcoholismo, etc.), a personas de toda clase y condición, blancos y negros, colonos y esclavos, así como atender a muchos leprosos en medio de un clima tropical de gran dureza.

Para combatir tanta inmoralidad e indiferencia tuvo dos pilares: la oración y la recepción de la Eucaristía, junto a un denodado esfuerzo personal. En él se incluye el aprendizaje de los idiomas nativos con objeto de transmitir la fe a los indios de Surinam. Sería también apóstol de los leprosos de Batavia durante 27 años. «Era la destrucción más grande en cuerpos vivos humanos que jamás yo he visto», hizo notar el médico van Hasselaar. Al beato le «parecía más una pocilga que una morada humana». Acondicionó el lugar con suelo de madera y camas en las chozas, y trató de devolver la dignidad a todos. Fueron años de mucho sufrimiento entre los esclavos negros: «El trabajo entre los negros cimarrones no va bien. También la adversidad y la cruz vienen de Dios, y nada se realiza sin la cruz», escribiría.

Con 74 años se retiró en Paramaribo, donde vivió años felices. Sus hermanos bromeaban sobre su avanzada edad al ingresar en la Congregación: «cada día me doy más cuenta de cuán grande es la felicidad de la vocación en esta Congregación y en convivencia con los hermanos». A los ocho meses fue trasladado a Coronie, siendo intervenido del riñón varias veces en los dos años que pasó allí. A los 77 años tuvo que regresar a Batavia por enfermedad del capellán. Otro año de trabajo con los leprosos, indios y negros, sanando cuerpos y almas, enterrando, confesando, predicando y enseñando con pedagógica creatividad; utilizaba dibujos, láminas y otros recursos. Ese fue su acontecer, sin tener en cuenta edad ni estado de salud, hasta que el Padre le llamo junto a sí el 14 de enero de 1887. Dos días antes, agravada su nefritis, para la que no se le suministró medicamentos, pidió al P. Bekkers: «ten aún un poco de paciencia. Moriré el viernes a las tres». Y así sucedió. Dejó este mundo tras una larga vida de oración continua, de incesante trabajo y mucho sufrimiento, rodeado de los abandonados a los que se entregó en una acción física y espiritual imponente. Fue beatificado por Juan Pablo II el 23 de mayo de 1982.

Isabel Orellana Vilches (Zenit-Madrid)

 

El Papa en Santa Marta: “para seguir a Jesús es necesario moverse”

En la homilía del viernes 13, el Santo Padre invita a preguntarse “¿Yo corro el riesgo o siempre sigo a Jesús según las reglas de la compañía de seguros?”

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en la homilía de este viernes en la misa celebrada en Santa Marta, ha explicado que la gente puede seguir a Jesús o por interés o por una palabra de consuelo. Haciendo referencia al Evangelio del día, ha indicado que aunque si la pureza de intención es siempre “total”, perfecta, es importante seguir a Jesús, caminar detrás de Él. En esta línea, el Santo Padre ha explicado que la gente estaba atraída por su autoridad, por las “cosas que decía y cómo las decía, se hacía entender”, también “sanaba y mucha gente iba detrás del Él para hacerse entender”. Al mismo tiempo ha observado que Jesús reprochó algunas veces a la gente que lo seguía porque estaba más interesada en una conveniencia que en la Palabra de Dios.

Por otro lado, ha reconocido que el problema más grande eran los que se quedaban “parados”. Los que miraban, estaban sentados, no seguían. “Miraban desde el balcón. No iban caminando en la propia vida: ¡’balconeaban’ la vida! Precisamente allí: ¡no se arriesgaban nunca!”, se ha lamentado el Papa. Solamente “juzgaban”. Eran los puros y no se mezclaba, ha observado. Y cuántas veces también nosotros –ha reconocido el Santo Padre– cuando vemos la piedad de la gente sencilla nos viene a la cabeza ese clericalismo que hace tanto mal a la Iglesia.

Estos, ha proseguido, eran un grupo de parados: esos que estaban allí, en el balcón, miraban y juzgaban. Pero “hay más parados en la vida”. A este punto, Francisco ha hecho referencia a ese hombre que “desde hace 38 años estaba cerca de la piscina: parado, amargado de la vida, sin esperanza” y “digería la propia amargura: también ese es otro parado, que no seguía a Jesús y no tenía esperanza”.

Sin embargo, la gente que seguía a Jesús “corría el riesgo” para encontrarlo, “para encontrar lo que quería”. Y los hombres de la lectura de hoy corrieron el riesgo cuando hicieron el agujero en el techo. “Han arriesgado, pero quería ir donde Jesús”, ha reconocido. De la mismo forma la mujer enferma desde hacía 18 años que quería tocar el borde del manto de Jesús: “corrió el riesgo de sentir vergüenza”. También ha invitado a pensar en la Cananea. Las mujeres  –ha reconocido el Papa– arriesgan más que los hombres. “¡Eso es verdad: son más buenas! Y esto debemos reconocerlo!”, ha señalado.

Prosiguiendo la homilía, el Pontífice ha asegurado que seguir a Jesús “no es fácil pero es bonito” y “siempre se arriesga”. Y se encuentra lo que realmente cuenta: “tus pecados son perdonados”. Porque –ha subrayado– detrás de esa gracia que pedimos están las ganas de ser sanados en el alma, de ser perdonados. “Todos nosotros sabemos que somos pecadores. Y por eso seguimos a Jesús, para encontrarlo. Y arriesgamos”, ha precisado.

El Papa ha invitado a preguntarse: “¿Yo corro el riesgo o siempre sigo a Jesús según las reglas de la compañía de seguros?”. Así, ha advertido de que “preocupados por no hacer una cosa u otra, no se sigue a Jesús, sino que se permanece sentados, como estos que juzgaban”.

La fe es, ha explicado el Papa, “encomendarse a Jesús, fiarse de Jesús”.Y de nuevo ha invitado a preguntarse “¿Me fío de Jesús? ¿Encomiendo mi vida a Jesús? ¿Estoy en camino detrás de Jesús, incluso si hago el ridículo alguna vez?  ¿O estoy sentado mirando lo que hacen los demás, mirando la vida, o estoy sentado con el alma ‘sentada’ – digamos así – con el alma cerrada por la amargura, la falta de esperanza?”.

Los jóvenes responderán a un cuestionario para preparar el Sínodo del 2018

El cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, explica la primera fase de preparación y consulta

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, ha explicado que el término “vocación” debe ser entendido en sentido amplio y se refiere a la amplia gama de posibilidades de realización concreta de la propia vida en la alegría del amor y en la plenitud que deriva del don de sí a Dios y a los otros.  

“Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” es el tema elegido para este encuentro que se celebrará en octubre de 2018 en el Vaticano. De este modo, durante la rueda de prensa que ha tenido lugar esta mañana para presentar el Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, ha indicado que el texto ha sido enviado a los consejos de los jerarcas de las Iglesias orientales católicas, a las Conferencias Episcopales, a los dicasterios de la Curia Romana y a la Unión de los Superiores generales y así de se inicio a la fase de consulta de todo el Pueblo de Dios. El objetivo es “recoger informaciones sobre la actual condición de los jóvenes en los varios contextos en los que viven, para poder discernir adecuadamente en vista de la elaboración de la Instrumentum Laboris.  

Por otro lado, ha indicado que el cuestionario que se encuentra al final del documento no es un simple “apéndice”. El objetivo de esta parte, que es una novedad, es el de enriquecer a toda la Iglesia dando a conocer las experiencias, a menudo de gran interés que se desarrollan en las distintas regiones del mundo para que puedan ser de ayuda a todos.

Por su parte, monseñor Fabio Fabene, subsecretario del Sínodo de los Obispos, ha reconocido la importancia de involucrar a los jóvenes en la fase preparatoria de la Asamblea sinodal. Porque –ha matizado– el Sínodo no quiere solo interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes en el discernimiento de su elección de vida a la luz del Evangelio, sino que quiere también escuchar los deseos, proyectos, sueños que tienen los jóvenes para su vida. Del mismo modo, ha añadido que también quieren escuchar las dificultades que encuentran para realizar el proyecto a servicio de la sociedad, en la que piden ser protagonistas activos.

En este horizonte, ha anunciado durante la rueda de prensa, la Secretaría General del Sínodo ha preparado una página web para consultar a los jóvenes a través de un cuestionario sobre sus expectativas y su vida. Está previsto que la página web esté disponible a partir del mes de marzo. Las respuestas al cuestionario serán la base para la elaboración de la Instrumentum Laboris, junto a las contribuciones que llegarán de los organismos interesados.

Finalmente, y como no podía ser de otra manera, dos jóvenes han intervenido para dar su testimonio y agradecer al Santo Padre la elección de este tema. Un joven de 21 años y una joven de 24, ambos estudiantes universitarios y de la misma parroquia romana, han recordado también la importancia de esta “Iglesia en salida” y de ese “ensuciarse las manos” a las que el Papa invita constantemente a los jóvenes y que ellos intentan vivir cada día con su misión en la parroquia y en sus ambientes.

Está previsto –ha informado el cardenal Baldisseri– que las respuestas a este documento lleguen para el próximo mes de octubre. Con este material se preparará la Instrumentum Laboris, que debería publicarse a inicios del año que viene.

Imagen: Jóvenes UNIV 2016
(Flickr Opus Dei)

El Papa pide a los jóvenes no tener miedo de escuchar al Espíritu

Carta del Santo Padre a los jóvenes con ocasión de la presentación del Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, con ocasión de la presentación del Documento Preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, ha dirigido una carta a los jóvenes, protagonistas del próximo Sínodo que se celebrará en 2018. El tema elegido para dicho encuentro es “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

En su carta, Francisco indica que ha querido que los jóvenes ocupen el centro de la atención “porque los llevo en el corazón”.

De este modo, les recuerda que Dios les invita a “salir” para lanzarse “hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña”. Por esto, el Pontífice les invita a escuchar la voz de Dios “que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo”. Por otro lado, ha recordado que muchos jóvenes están sometidos al chantaje de la violencia y se ven obligados a huir de la tierra natal.

Francisco les recuerda que Jesús les dirige su mirada y les invita a ir hacia Él. “¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino?”, pregunta el Papa a los jóvenes. Y se muestra convencido de que “si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo”, esta llamada “continua a resonar en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena”. Esto será posible –subraya el Pontífice– en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertos, sabrán emprender un itinerario de discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en la propia vida. Incluso cuando “el camino se encuentre marcado por la precariedad y la caída”, Dios, que es rico en misericordia, “tenderá su mano para levantarlos”.

Asimismo, en su carta, el Santo Padre recuerda a los jóvenes que un “mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos”. El Papa les pide que no tengan miedo de escuchar al Espíritu “que les sugiere opciones audaces”, “no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro”. También la Iglesia –precisa– desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas. Finalmente, el Santo Padre asegura que a través del camino de este Sínodo, los obispos y él mismo quieren “contribuir cada vez más a vuestro gozo”.

Imagen: Jóvenes polacos en la JMJ

El Vaticano presenta el documento preparatorio para el Sínodo sobre los jóvenes

El próximo Sínodo de los Obispos se celebrará en octubre de 2018 con el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- La Iglesia ha decidido interrogarse sobre cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia. Así se indica en el documento preparatorio del próximo Sínodo de los Obispos, que se celebrará en octubre de 2018 con el tema: «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

En la introducción del documento –que ha sido presentado hoy a los medios de comunicación— se explica que la vocación al amor asume para cada uno una forma concreta en la vida cotidiana a través de una serie de opciones que articulan estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada, etc.), profesión, modalidad de compromiso social y político, estilo de vida, gestión del tiempo y del dinero, etc. Elecciones, se recuerda, de las que nadie puede eximirse. Por eso, se subraya que “el propósito del discernimiento vocacional es descubrir cómo transformarlas, a la luz de la fe, en pasos hacia la plenitud de la alegría a la que todos estamos llamados”.

Con el Documento Preparatorio se da inicio a la fase de consulta de todo el Pueblo de Dios. El Documento – dirigido a los Sínodos de los Obispos y a los Consejos de los Jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas, a las Conferencias Episcopales, a los Dicasterios de la Curia Romana y a la Unión de Superiores Generales – termina con un cuestionario. Además está prevista “una consulta de todos los jóvenes a través de un sitio web, con un cuestionario sobre sus expectativas y su vida.” Las respuestas a los dos cuestionarios constituirán la base para la redacción del Documento de trabajo o Instrumentum laboris, que será el punto de referencia para la discusión de los Padres sinodales.

El documento presentado hoy propone una reflexión articulada en tres pasos. Se comienza “delineando brevemente algunas dinámicas sociales y culturales del mundo en el que los jóvenes crecen y toman sus decisiones, para proponer una lectura de fe”. Posteriormente “se abordan los pasos fundamentales del proceso de discernimiento, que es el instrumento principal que la Iglesia desea ofrecer a los jóvenes para que descubran, a la luz de la fe, la propia vocación”. Por último, “se ponen de relieve los componentes fundamentales de una pastoral juvenil vocacional.”

El primer capítulo “Los jóvenes en el mundo de hoy”, no ofrece un análisis completo de la sociedad y del mundo, “sino que tiene presente algunos resultados de la investigación en el ámbito social útiles para abordar el tema del discernimiento vocacional”.

Mientras que en el segundo capítulo “Fe, discernimiento, vocación” se recuerda que a través del camino de este Sínodo, “la Iglesia quiere reiterar su deseo de encontrar, acompañar y cuidar de todos los jóvenes, sin excepción”. No podemos ni queremos abandonarlos –precisa el documento– a las soledades y a las exclusiones a las que el mundo les expone. De este modo, esta capítulo presenta algunas ideas “con vistas a un acompañamiento de los jóvenes a partir de la fe, escuchando a la tradición de la Iglesia y con el claro objetivo de sostenerlos en su discernimiento vocacional y en la toma de decisiones fundamentales de la vida, desde la conciencia del carácter irreversible de algunas de ellas”.

Finalmente, el documento aborda “La acción pastoral”. El propósito del tercer capítulo es concentrar la atención en lo que “implica tomar en serio el desafío del cuidado pastoral y del discernimiento vocacional”, teniendo en consideración “cuáles son los sujetos, los lugares y los instrumentos a disposición”. En este sentido, se reconoce una inclusión recíproca entre pastoral juvenil y pastoral vocacional, aun siendo conscientes de las diferencias. No se trata de una “panorámica exhaustiva”, sino de “indicaciones que se deben completar sobre la base de las experiencias de cada Iglesia local”.

El documento concluye con el cuestionario, cuyo objetivo es ayudar a los Organismos a quienes corresponde responder a “expresar su comprensión del mundo juvenil” y a “leer su experiencia de acompañamiento vocacional, a efectos de la recopilación de elementos para la redacción del Documento de trabajo o Instrumentum laboris”.

Con el fin de tener en cuenta las diferentes situaciones continentales se han incluido tres preguntas específicas para cada continente.

Rocío Lancho García
Imagen: Documento preparatorio del Sínodo de los Obispos
(©RLG)

Beata Francisca de la Encarnación, perdió la vida defendiendo su virginidad en medio de un bárbaro asalto

Había sido la humilde tornera del convento cuando fue condenada a muerte por el único ‘delito’ de ser religiosa, durante la guerra civil española

Por desgracia, la historia continúa ensangrentando sus páginas al cercenar brutalmente la vida de personas inocentes, cuyo único «delito» es profesar la fe, legítima opción canonizada en 1948 por la Declaración Universal de Derechos Humanos (artº. 2), aunque sigue siendo impunemente vulnerada. Los intolerantes, pertrechados en la fuerza de las armas y la cobardía de los improperios, han arrasado los altos ideales y nobles sueños de quienes únicamente hicieron del amor la senda de su acontecer.

En 1936, desde su misión de tornera, la religiosa española Francisca Espejo Martos escuchaba aterrorizada las pésimas noticias que penetraban por las rejas del convento trinitario de Martos, Jaén, su ciudad natal, atentando contra la paz que latía en la comunidad. El terror que le producían los clarines de muerte trazó provisionalmente una escurridiza pirueta sobre su vida al intervenir la priora, quien caritativamente la dispensó de su responsabilidad para ahorrarle sufrimientos, y hallarse a resguardo de los captores en casa de su hermano, por un tiempo. Pero su fin estaba ya trazado y dispuesta para ella la gloria del martirio.

Su biografía había comenzado el 2 de febrero de 1873, día de su nacimiento. Huérfana de madre y responsable de un hermano menor, cuando su padre se desposó nuevamente, se instaló junto a su tía Rosario, priora del convento trinitario, y siguió sus pasos en la vida religiosa. Profesó en 1894 y fue viendo caer las hojas del calendario entregada a la oración y realizando las labores domésticas con espíritu de mansedumbre y sencillez, siendo el paño de lágrimas de los pobres a los que socorría. Alguien que la conoció de cerca, sintetizó su ejemplar vida cotidiana diciendo: «Era muy buena; todo lo que se diga es poco».

Durante años nada hacía presagiar la tormenta que se cernía en el horizonte hasta que las llamas devoraron las iglesias de Nuestra Señora de la Villa y de San Amador la fatídica madrugada del 18 al 19 de julio de 1936. Dos días más tarde el convento de las madres trinitarias estaba en el punto de mira de los perversos sanguinarios que penetraron en el recinto y las dejaron desprovistas de todo, viéndose obligadas a buscar cobijo entre gentes de buen corazón. Junto a su tía, Encarnación siguió realizando en casa de su hermano lo que mejor sabía hacer: orar y trabajar. ¿Ofendían a alguien con este proceder?

Enero de 1937 vino cargado de malos augurios. El día 11, su tía, su cuñada y ella misma fueron apresadas. Su hermano, que les había precedido en este desatino, fue liberado. Entre el importante número de religiosos que estaban marcados de forma ignominiosa por los milicianos para derramar su sangre, algunos fueron liberados en medio de distintas circunstancias; en el caso de su tía Rosario, por motivos de avanzada edad y solo después de que los verdugos fueran increpados por un testigo de tan inhumana afrenta, ya que la religiosa caminaba penosamente por la calle hallándose entre los señalados para morir.

Las bendiciones habían llovido sobre la localidad con numerosas vocaciones y los que había determinado segar sus vidas decidieron reducir los ajusticiados eligiendo únicamente a los responsables de cada Orden. Sin embargo en el caso de las trinitarias detuvieron a dos erróneamente; una era Encarnación mientras la priora había quedado a salvo. En el calabozo compartía con otras religiosas temblores y angustia; veían pasar el tiempo unidas en la oración y alentadas por el ejemplo de los primeros mártires. Alguna de ellas se libró de la muerte. Pero la presión ejercida por el responsable de su excarcelación no pudo extenderse a las restantes. Y el 13 de enero las obligaron a subir a una destartalada camioneta conduciéndolas a varios kilómetros distantes de su localidad natal, concretamente a Casillas de Martos.

La bajeza y brutalidad de los asesinos se mostró con toda su crudeza cuando después de fusilar cobardemente frente a una tapia a los numerosos varones que habían capturado, se propusieron violentar a las tres religiosas, una de ellas Encarnación, en el barranco que se hallaba enfrente del cementerio. Ellas se defendieron con uñas y dientes. Y en medio de tan bárbara lucha, los viles verdugos, contrariados e impotentes, al no lograr sus propósitos dejaron fluir toda su rabia destrozando el cráneo de la beata con varios culatazos de escopeta; su cuerpo abandonado mostraba huellas estremecedoras de fiereza. Encarnación tenía entonces 64 años. Benedicto XVI la beatificó el 28 de octubre de 2007. Su cuerpo incorrupto se conserva en el monasterio de la Santísima Trinidad de Martos.

Isabel Orellana Vilches (Zenit-.Madrid)
Imagen: Beata Francisca de la Encarnación con el habito y la cruz de los Trinitarios
(Lienzo en un convento español de Jaén)